Falta de chips, producción de autos y armado de computadoras cada vez más afectados

La escasez de microprocesadores impacta en costos y en volumen de oferta a nivel mundial. Estiman que a mediados del año próximo comenzaría a normalizarse.

La planta de Volkswagen en Córdoba decidió sumar vacaciones y suspensiones. Frenará su producción de cajas de velocidad por 50 días por la falta de semiconductores. Es un problema internacional que tiene coletazos en diferentes actividades productivas, también en la Argentina. De hecho, ACARA adjudicó a este problema la caída de las ventas del mes pasado. Los inconvenientes derivados de esta escasez no se resolverían hasta, al menos, después de marzo próximo según fuentes consultadas el medio La Nación.

La consultora estadounidense Bain & Company plantea que una posible solución a corto plazo para añadir hasta 10% de la capacidad en las plantas existentes de producción de semiconductores costaría unos US$40.000 millones. La estimación es que llevaría alrededor de dos años construir una nueva fábrica; la mayoría de las que están operan a capacidad plena desde el tercer trimestre del año pasado.

Corea produce más de la mitad de los chips del mundo; le siguen Taiwan y Singapur. Después viene China. En el resto del mundo, la fabricación es marginal, aunque con la crisis empezaron a analizarse iniciativas de nuevas plantas en otros destinos.

El último reporte tecnológico de Bain & Company repasa el crecimiento exponencial de la demanda de semiconductores de alta gama, que son más costosos y específicos de producir y que hizo que los productores se volcaran a ese segmento, por encima de los chips menos avanzados.

José Tamborenea, presidente de la Comisión de Iluminación de la Cámara Argentina de Industrias Electrónicas, Electromecánicas y Luminotécnicas (Cadieel), señala que seguramente los problemas seguirán hasta mediados de 2022: “Las plantas buscan entregar a todos un poco; administran la escasez. Todos los demandan, pero la industria no reacciona a la misma velocidad que otras porque dependen de la disponibilidad de los minerales”.

El directivo -quien es presidente también de la empresa TrivialTech- comenta que una compra de US$250.000 de chips para medidores inteligentes de electricidad está frenada por “falta de oferta”. Las demoras de entrega comenzaron con 56 semanas y lo mejor que ha conseguido hasta el momento son 44 semanas.

La industria automotriz -grafica una fuente de una terminal- “se llenó de semiconductores” y es una de las más impactadas en el mundo y en la Argentina por la falta de oferta de esas partes. La consultora AlixPartners calculó que, a nivel global, esta crisis le costará al sector unos US$210.000 millones y será determinante para que se fabriquen unos 7,7 millones menos de vehículos que las estimadas inicialmente este año.

En el Ministerio de Desarrollo Productivo, que conduce Matías Kulfas, también siguen de cerca la situación; analizan que la “inesperadamente rápida recuperaciónen la demanda de autos a nivel mundial y el alza de la demanda de otros sectores, como el de la electrónica, “sumaron un cambio en los patrones de consumo, que hizo crecer la compra global de chips por encima de la capacidad productiva disponible”.

Califican al faltante como “grave”, a punto tal que el gobierno estadounidense, hace un mes, pidió de manera “formal y voluntaria” que las cadenas de suministro de la industria de semiconductores informaran la situación.

En la cartera plantean que los márgenes y ganancias de empresas del sector reflejan la situación global: Samsung registró sus mayores ganancias en tres años, mientras la taiwanesa TSMC alcanzó márgenes brutos del 50%. En cambio, en la industria automotriz Toyota comunicó en setiembre que recortaría su producción 40% respecto a lo planificado y Renault redujo en 500.000 unidades lo proyectado globalmente.

Un informe reciente de otra consultora, Boston Consulting Group (BCG), asegura que durante el primer trimestre de 2021 la pérdida de producción de chips fue de aproximadamente 1,4 millones, cifra que aumentó en el segundo trimestre, con una merma de 2,6 millones. Si bien hay una recuperación, no se espera que la oferta alcance un nivel lo suficientemente alto como para satisfacer la demanda existente, por lo menos hasta la segunda mitad de 2022.

La voz de las terminales

En el grupo Stellantis -la fusión de los grupos FCA y PSA- indicaron que mantienen a sus equipos de comprasen estrecho y permanente contacto con los proveedores, para mantener el ingreso de componentes e insumos lo más fluido posible y con una estrategia regional”.

Admiten que hay un “grado de incertidumbre” relacionado con la crisis de semiconductores que afecta a nivel mundial, pero “por el momentoaseguran que no registran problemas significativos con la provisión de suministros, un aspecto que se monitoreasemana a semana”. Pese a este contexto, agregan, las plantas argentinas están “aumentando su producción” en El Palomar con la incorporación de un nuevo turno y en Córdoba llegando a las 70.000 unidades al año.

La industria automotriz, desde el punto de vista global, representa aproximadamente el 15% de la demanda de semiconductores. “El problema existe y afecta a todo nuestro sector, donde también tenemos que agregar algunos inconvenientes en la logística de transporte marítimo”, apuntan en Toyota Argentina.

Agregan que, desde el inicio de la pandemia, vienen siguiendo el tema “muy cerca” de los proveedores y de la casa matriz “para seguir produciendo sin inconvenientes”. Lo caratulan como un tema “de trabajo y manejo de riesgos”, a la vez que esperan que “se vaya regularizando a mediados de 2022″.

Los voceros de General Motors indicaron que, “al igual que las demás terminales, la falta de repuestos, y en especial de semiconductores, está afectando la producción global de vehículos. Es un día a día”.

En el Ministerio de Desarrollo Productivo -después de repasar las caídas interanuales en la industria automotriz de varios países– señalan que en la Argentina el impacto es “más acotado”. “Lo que dicen desde las terminales es que los autos tienen menos ‘chiches’ tecnológicos y por ende afecta menos. De todos modos, hubo impacto, ya que se revisaron a la baja algunas proyecciones para este año aunque el balance frente a 2019 da una clara mejora”, agregan.

Otros coletazos

Tamborenea grafica que la escasez de los chips más avanzados alcanza a la industria de línea blanca en productos inteligentes, a la de equipos de aire acondicionado, a la micro movilidad eléctrica (monopatines, patinetas), computadoras, consolas de videojuegos y teléfonos móviles. “La demanda es creciente por las tendencias, los requieren las empresas inteligentes, las ciudades inteligentes y las criptomonedas”, sintetiza.

La referencia a las criptomonedas es porque necesitan de procesadores muy potentes para el minado, son los conocidos como GPU, de los más avanzados. Los expertos sostienen que a los que más afecta este uso es a los fabricantes de consolas, compañías de servidores en la nube y, aunque algo menos, a la industria de teléfonos móviles.

Diego Pacheco, a cargo del Grupo de Trabajo de Informática de Cadieel, señala que hay varios componentes y partes críticas con faltantes globales que están impactando desde hace más de un año a esa industria: pantallas LED de notebooks, microprocesadores (incluyendo a los dos mayores fabricantes a nivel mundial), memorias RAM, discos de almacenamiento y numerosos componentes de placas madre de los equipos (soluciones de audio, potencia, wi-fi y video, por ejemplo).

Los problemas se van potenciando, porque se puede manejar la escasez de uno o dos componentes, pero al incrementarse los ítems faltantes se hace muy complejo planificar la cadena de suministros y de producción de equipos. El impacto en las plantas y mercados globales fue y sigue siendo muy fuerte, pero en las regiones emergentes como América latina el efecto es aún mayor, debido a los recortes en la asignación de cantidades”, añade.

Pacheco enfatiza que la situación se traduce en dos efectos que afectan en forma directa al mercado: una oferta insuficiente que no llega a satisfacer la demanda que explotó por la pandemia debido al teletrabajo, la teleeducación y el esparcimiento digital, con recortes superiores al 30% del volumen y demoras en las entregas de hasta seis meses, y un “aumento de los costos de los componentes críticos, en promedio superior al 20% interanual, los cuales se trasladan directamente a los precios de las computadoras”.

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