En el primer trimestre, la facturación de maquinarias creció 93 por ciento respecto al de 2020

La venta de máquinas agrícolas en Argentina durante el primer trimestre de 2021 alcanzó una facturación de 25.277 millones de pesos, lo que representa un aumento del 93,4 por ciento en relación con el mismo trimestre de 2020.

Se trata sin dudas de un comienzo auspicioso que refleja el buen momento que atraviesa el mercado global de granos. “Los precios internacionales se mantienen altos y esa es una buena noticia para seguir incorporando tecnología para la producción. La mayor intención de siembra de trigo prevista para la presente campaña respecto a la anterior hace suponer que la inversión continuará”, dice al respecto el presidente de la Asociación de Fábricas Argentinas de Tractores (AFAT) Reynaldo Postacchini.

Pese a la inflación y a las complicaciones generadas por la pandemia, la gente está entusiasmada y sigue comprando. Somos unos agradecidos por tener trabajo en esta época”, remarca por su parte Néstor Cestari, presidente de la Cámara de Fabricantes de Maquinaria Agrícola (Cafma).

Según el último informe del Indec, los tractores presentaron el nivel de facturación más alto del trimestre, con 9.738 millones de pesos, lo que representó una suba de 125,5 por ciento en comparación con igual trimestre del año anterior. La facturación en pesos de sembradoras, implementos y cosechadoras aumentó 230, 91 y 20 por ciento respectivamente. Pero hay un dato que va a contramano de estas buenas nuevas: las unidades vendidas de cosechadoras -las máquinas más costosas y con mayor nivel tecnológico- presentaron una disminución de 25 por ciento.

El nivel de ventas de cosechadoras de los últimos tres años está lejos de la cantidad de unidades vendidas en el 2016 y 2017, y muy por debajo del necesario para la renovación del parque de cosechadoras de nuestro país. Particularmente, la cantidad de unidades vendidas este primer trimestre de 2021 es la menor de los últimos cinco años y enciende una luz de alarma sobre la necesidad de renovación del parque y el acceso a la última tecnología”, advierte Postacchini, y adjudica este fenómeno en parte a la falta de financiamiento que sufren los contratistas, quienes realizan el 80 por ciento de la cosecha argentina y el 70 por ciento de la siembra y aplicación de fitosanitarios.

De nuestra parte, la de los fabricantes, advertimos dificultades en la autorización de licencias debido a una gran burocracia. Esto resulta en demoras en el sector productivo, que nos impiden responder a la demanda de la forma en que quisiéramos”, agrega el directivo de AFAT, y Cestari coincide: “Hay complicaciones por la salida de divisas al exterior, es un problema que afecta tanto a firmas internacionales como a las nacionales. Hay piezas que se traen de afuera que nosotros también las necesitamos”.

Con respecto a la participación de las unidades de origen nacional en el total de ventas, el informe del Indec detalla que en el primer trimestre de 2021, los tractores de producción nacional presentan una participación de 94 por ciento; los implementos, de 91 por ciento; y las cosechadoras, de 84 por ciento en el total de unidades vendidas de sus respectivos segmentos.

Pero esto, según aclaran Cestari y Postacchini, no afecta el nivel tecnológico de los fierros que se usan en el agro local. “Todas las máquinas, desde la más chica hasta la más grande van incorporando herramientas digitales que permiten hacer un uso más eficiente de los recursos y mejorar las condiciones de los operarios”, dice el directivo de Cafma y fabricante de tolvas del norte bonaerense.

Postacchini, vicepresidente en Argentina Claas, lo confirma: “Lo mismo que nuestras empresas comercializan en todo el mundo lo tenemos disponible en nuestro país. Nuestras máquinas ofrecen todas las herramientas necesarias para la agricultura digital que hoy se está imponiendo”, dice, y pone el acento en dos factores clave para el éxito en el que aun hay camino por recorrer. “La capacitación del personal que las opera ha avanzado mucho, pero sigue siendo un tema en el que debemos trabajar en forma conjunta para que todas esas herramientas tecnológicas con que cuentan nuestras máquinas puedan ser útiles para aumentar la productividad. Un tema no menor es el problema de conectividad que existe en muchas zonas productivas de nuestro país, que en muchos casos dificulta la utilización plena de estas herramientas”.

Lucas Villamil
Clarin

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